sábado, 2 de abril de 2011

Bienvenida

Hola amigos. Este blog fue creado para subir y comentar las enseñanzas que nos legó nuestro maestro Tae Kun Park.

Las transcripciones de sus dichos pertenecen a Christian Hwang, uno de sus alumnos de la escuela de artes marciales que tenía el maestro en el Bajo Flores. Debido a que estaba prohibido tomar notas, estas reproducciones de sus clases fueron transcriptas de memoria. Por eso, pedimos que si alguien considera que debe cambiarse algún término, no deje de escribirnos. Si bien Christian se encargo de memorizar palabra por palabra cada una de las reflexiones finales de las clases, puede haber algún error. Lamentablemente, Christian se fue a vivir a Corea en el 2009, donde perdió la vida en un accidente automovilístico, así que alguien más recuerda enseñanzas, los invitamos a compartirlas con todos.

Sabemos que hay un gran debate en la comunidad de seguidores de Park sobre si sus enseñanzas deben ser “abiertas” al público o no. Como él nunca (y digo NUNCA porque fui a todas sus clases), declaró que eran secretas, decidimos publicarlas.

Para quiénes no conozcan la dinámica de sus clases, les contamos que al final de cada entrenamiento, el maestro Tae Kun Park mostraba en un pequeño televisor una escena de pelea de alguna película. Las repetía varias veces y finalmente daba dos enseñanzas. La primera tenía que ver con técnicas físicas o psicológicas que se aplicaban en el combate durante la escena. La segunda era de índole más filosófica. Luego, la clase siguiente, entrenábamos lo que habíamos visto, calcado movimiento por movimiento hasta que salía igual.

Iremos subiendo enseñanzas poco a poco. Paciencia y gracias a todos.

¿Por qué pelean los mejores amigos? They live



Enseñanza técnica. Si un hombre caído tiende su mano para que lo levantemos, no bajemos la guardia.
Enseñanza filosófica. Los mejores amigos que pelean a puñetazos es una escena arquetípica del cine. Pero, ¿por qué pelean estos amigos? Uno de ellos se niega a ponerse las gafas de sol que le entrega su compañero. Sangran, se patean, marcan sus cuerpos con magullones, jalan sus cabellos, pierden mechones. ¿Por qué? (Un alumno responde: Por unas gafas. El maestro responde: ¿Pegarías a tu hermano por unas gafas? Alumno: No). Eso es porque las gafas son una excusa. Esta pelea es una manera de manifestar el deseo de tocar el cuerpo de otro hombre. Observemos de nuevo, la coreografía de la lucha imita el acto amoroso: se intercambian los turnos de actividad, gimen, jadean, se montan uno sobre el otro, se detienen y vuelven a empezar. De hecho, el primer golpe, intempestivo, llega cuando el otro le alcanza los anteojos, casi como si hubiese intentado tocarlo indebidamente. Cuando luchan, no intentan acabar con el otro, intentan aniquilar su propio impulso homosexual pero, al intentarlo, lo agigantan. Por eso, al final, uno le calza los anteojos al otro, que está inerte en el suelo. Es el climax. El otro, ya no se resiste. Una vez que se los pone, descubre un nuevo mundo. Concluyen abrazados, jadeantes, como un matrimonio. Maldiciendo todo lo que tuvieron que padecer para llegar a este momento. “La vida es una puta”, dice uno. El problema no son nuestros deseos, el problema es desconocerlos. Desconocer nuestros deseos nos lleva a lastimarnos. Siempre hay un paraíso de gente que comparte nuestros deseos. Para entrar, debemos conocernos.